Trabajando por comida y alojamiento en Frot Bragg, California

Posteado: 5 junio, 2016 por SigueMiRastro en Estados Unidos, La Experiencia de la semana, Paises, Vuelta al Mundo
Javi trabajando en las alturas

Javi descansando del trabajo en las alturas de la Weller House

Todos los viajeros llegan a un punto en el que descansar es una necesidad. Descansar del viaje, asentarte un rato, dormir bien y comer algo de comida casera. La cuestión es, ¿dónde puedes descansar lejos de tu casa sin tener que gastarte un buen montón de dinero? Y la solución no es tan difícil porque hay muchos sitios donde puedes trabajar unas horas al día a cambio de comida y alojamiento. Nuestro pequeño oasis de esta ocasión se llama Fort Bragg, en California.

En el medio del viaje comenzamos a hablar de asentarnos por un par de semanas en alguna parte de California. No faltan los sitios que necesitan una mano que les ayude. Si miras en internet podrás ver que hay muchas páginas web que tienen este tipo de ofertas, aunque para Estados Unidos sólo encontramos páginas sobre voluntariado de pago como HelpX o Woofing. Últimamente parece que si quieres ayudar y encontrar gente que necesita que les ayudes, sólo se van a fiar de ti si pagas el registro en una página web. Parece como si el que paga 20 euros para conseguir un voluntariado fuera más de fiar. La verdad, no lo entendemos.

En algunas páginas web de estas a veces te dan pistas de donde está el sitio que busca voluntarios, o tal vez un dato de contacto. Así que pillamos carretera al norte y de paso que fuimos a conocer el norte de California, nos paramos en Fort Bragg a ver si The Weller House tenía sitio para nosotros.

Haciendo Auto Stop hacia el norte de California

Haciendo Auto Stop hacia el norte de California

Desde San Francisco nos hicimos la ruta norte por la costa, por la carretera 1, parando en casi cada playa y puesto de mercadillo de fin de semana. Para nosotros la costa norte de California se nos hace muy parecida a la costa gallega, con sus playas y bosques llenos de árboles, sus acantilados y un tiempo húmedo, lluvioso. Casi como en casa, la verdad es que no nos sorprende nada que la gente hable de Galicia como “Galifornia”, si hasta tienen el tiempo impredecible.

Nada más llegar a Fort Bragg fuimos a ver la playa de Cristal, que no es ni más ni menos que la playa del pueblo que en el pasado funcionaba de vertedero, por lo que ahora tiene cristales erosionados por el mar por todas partes. Una historia un poco triste, pero hay que decir que hoy en día es preciosa. Y a eso del mediodía nos encaminamos a la Weller House a ver si por casualidad nos querían hacer un hueco entre los voluntarios. Dicho y hecho, aparcamos el coche, nos acercamos a la puerta a llamar, no sin antes fijarnos en que la casa parecía un poco destartalada y puede que abandonada. Tardaron algún minutito que otro en abrirnos, pero fue preguntar por trabajo a cambio de desayuno y un lugar para dormir, y mano de santo, ya nos introdujo al momento en la casa.

Javi de voluntario en la Weller House

Javi trabajando en las alturas de la Weller House

Nada más llegar la dueña de la Weller house ya quería que nos pudiéramos a trabajar. Nos enseñó lo que sería nuestra habitación y nos explicó rapidísimamente lo que serían nuestras competencias. Tendríamos que lijar los exteriores de la casa y poner la primera capa de imprimación. Todo fue deprisa y corriendo, casi no nos dio tiempo a darnos cuenta de lo que estaba pasando cuando la señora nos estaba apremiando para que empezáramos a trabajar. Eso sí, la habitación en donde nos alojaríamos valía más de 300 dólares la noche… Podéis imaginaros el lujo de cama de 2×2 metros que nos esperaba a partir de ese momento. Después de un mes durmiendo en un colchón hinchable dentro de un coche, llorar es lo mínimo que se esperaba de nosotros jejeje.

Habíamos llegado en coche a Fort Bragg y en principio tendríamos que devolverlo en Sunnyvale, en el Silicon Valley al sur de San Francisco ya que lo habíamos alquilado allí. Barajamos la posibilidad de pagar unos 50 dólares por dejarlo en Fort Bragg pero 50 dólares es bastante dinero para unos viajeros, así que Javi se ofreció para llevar el coche hasta San Francisco y volver a dedo. Al día siguiente a la tarde Javi ya estaba de vuelta y listo para dormir en una de las mejores camas del mundo.

La habitación de la Weller House

La habitación de la Weller House

Por las mañanas haríamos algo que no solía hacer ningún otro voluntario, hablamos de despertarnos temprano. El desayuno estaba incluido para los voluntarios de la Weller House, un desayuno con alimentos orgánicos, con todos los cafés y tés que quisieras. Eso sí, si había algún huésped tendrías que esperar a que la cocina estuviera lista para ellos antes de meterte a cocinar nada. Y nosotros decidíamos cómo queríamos distribuir las horas de trabajo. Con tal de que trabajaras tus 3 o 4 horitas en lo que pedía la dueña, el resto podías disfrutarlo como quisieras.

Pues bien, la Weller House es una casa antigua que acoge bailes de salón un par de veces a la semana. Cuando estuvimos nosotros vimos gente bailando tango y swing, también planeaban hacer fines de semanas dedicados a yoga. La casa tiene la planta baja y dos pisos más, siendo la planta baja y uno de los pisos en donde se localizan los dormitorios y el segundo piso lo que se llama el Ballroom, donde la gente va a bailar, tocar música, hacer yoga… Y en donde en la época de la Ley Seca los habitantes de Fort Bragg irían a beber sus bebidas alcohólicas porque contaba con almacenes desconocidos para los policías. Un sitio revolucionario que hoy en día parece como que se cae a pedazos porque no se cuida casi nada.

La dueña cuenta con los voluntarios para que la casa vuelva a tener el esplendor de  antaño, gente sin conocimientos y que hace las cosas como puede. Al no tener el dinero para invertir, la señora siempre se rodea de gente que le ayude, por eso en octubre de 2015 llegamos a ser 8 personas ayudando. Un poco excesivo pero increíblemente divertido. Nos lo pasamos divinamente con gente del interior de los Estados Unidos, de la costa este y oeste, con un inglés y una francesa. Un increíble amalgama de culturas en una misma casa y con un buen rollo que nunca olvidaremos.

Hemos compartido yoga, paseos, masajes, música, cenas, charlas filosóficas, charlas religiosas y políticas, trabajo… Trabajar como voluntarios es una de las mejores experiencias que hemos podido vivir en California.

Parte de los voluntarios de la Weller House

Parte de los voluntarios de la Weller House

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